Content on this page requires a newer version of Adobe Flash Player.

Get Adobe Flash player


El origen del ajo parece remontarse a los países de Asia Central. Pertenece a la familia de las Liliaceae. El bulbo de piel blanca, forma una cabeza dividida en gajos comúnmente llamados dientes.
Una característica particular del bulbo es el olor que emana, que muchas personas no pueden soportar. Por esta razón Shakespeare en “Sueño de una noche de verano” disuadía los actores de que comieran ajo a la hora de dedicar “palabras dulces” al público. (IV,2,vv.43/44)

Desde la antigüedad, el ajo fue apreciado como alimento por el sabor característico que le entrega a las comidas y como planta medicinal. En este sentido la primera mención se encuentra en algunos documentos escritos en sánscrito. El Codex Ebres, un papiro médico de época egipcia (1550 a.C.) contiene unas veinte menciones sobre el ajo como remedio para dolor de cabeza, picaduras de insectos y para aliviar los dolores

Los resultados reunidos por la medicina egipcia, depurados de fórmulas mágicas y rituales, fueron adquiridos por los griegos.
Hipócrates, el más grande médico de la antigüedad, que basó sus teorías en la observación de los hechos, recomendaba utilizar el ajo por sus cualidades medicinales, avalando así la tradición y experiencia popular.
Plinio el Viejo - y estamos ahora en Roma del siglo I d.C. - en su Historia Naturalis indica varios usos terapéuticos para el ajo, y no es ningún misterio que los legionarios romanos lo usaban habitualmente como antiparasitario y para combatir diversas enfermedades infecciosas.

Otra referencia importante la encontramos en el Herbario de Urbino, un manuscrito del siglo XVI que constituye una valiosa colección de recetas que mezclan medicina popular y conocimientos empíricos sobre las virtudes terapéuticas de las plantas.

Sin embargo, para obtener un reconocimiento con base científica más cierta, es necesario esperar hasta el siglo XIX. En 1858 Luis Pasteur detecta y define con certeza la calidad antibiótica del ajo. Luego en los inicios del siglo XX Albert Schweitzer lo utiliza en África como remedio contra la disentería. Posteriormente se empleará para combatir la difteria, epidemias de tifus, tuberculosis y incluso el cólera.
Estudios epidemiológicos realizados recientemente en China (donde se consume ajo por lo menos hace 3000 años) indican una significativa disminución del riesgo contra el cáncer de estómago en los habitantes de la provincia de Shandong habituales consumidores de ajo y otras Liláceas en abundancia.

En síntesis esta planta, amiga del hombre, gracias a sus principios activos desarrolla una actividad antibacteriana, antiséptica, mucololítica e hipotensora, además de ser un eficaz regulador del sistema cardiovascular.
Agrimpex Farming srl - S.P. Caivano - Cancello, C.da Sannereto 80011 Acerra (Napoli) Tel. 081 5207191 Fax 081 5207510